Hay platos que viajan bien. La croqueta es uno de ellos. Nació en Francia, recorrió las cortes europeas con cierta elegancia, llegó a España y decidió quedarse —reconvirtiéndose en comida de aprovechamiento, de bar, de domingo en casa de la abuela— y desde ahí saltó al mundo entero. Hoy, en 2025, la croqueta no solo sigue siendo una de las tapas más pedidas en España. También aparece en restaurantes de cocina chilena, en menús de autor japoneses con arroz en lugar de bechamel, y en cartas donde se le da el protagonismo que durante décadas se le negó. Este es su momento. Y en Canal Croqueta lo estamos disfrutando mucho.
Una historia que no empieza donde pensamos
Sorprende a muchos, pero la croqueta no es española de origen. Nació en Francia —como tantas cosas que terminaron en nuestras mesas— y su versión más extendida en Europa usaba ingredientes nobles, texturas firmes y mucho pan rallado. Cuando llegó a España, el bocado se transformó: la bechamel se volvió protagonista, el relleno se adaptó a lo que hubiera en casa, y la técnica del aprovechamiento convirtió algo sofisticado en algo cercano, cotidiano y profundamente nuestro.
Esa capacidad de adaptación es, posiblemente, su mayor virtud. La croqueta no impone: absorbe. Y eso explica que en Japón exista con arroz, que en Chile haya encontrado hueco en restaurantes de cocina local, y que en España conviva con total naturalidad desde la barra del bar de barrio hasta los menús degustación de alta cocina.
España, 2025: el jamón manda, pero hay movimiento
Si hay algo que los datos confirman cada año, es que las croquetas de jamón ibérico no bajan del trono. Son las más pedidas en bares, las más preparadas en casa y la referencia cuando alguien dice «croqueta» a secas. El estudio de consumo 2025 de Croquetas Ricas lo ratifica sin sorpresas: el jamón es el sabor rey, y lo lleva siendo desde que tenemos memoria croquetil.
Pero el dato más interesante no está arriba del ranking, sino en lo que crece. Las croquetas pensadas para air fryer y horno están registrando un aumento sostenido. No es solo una moda de salud: es un cambio en los hábitos de cocina en casa. La gente quiere la croqueta, pero a veces no quiere el aceite hirviendo en la cocina a las ocho de la tarde. ¿Sacrifica algo la textura? Eso lo dejamos para otro artículo — y para los comentarios.
Las croquetas de autor: cuando el bocado se convierte en icono
Hay locales en España donde pedir croquetas no es un gesto secundario. Es el motivo de la visita.
Las croquetas de Arzábal en Madrid llevan años siendo referencia en la capital. En Asturias, Pedro Martino en el restaurante Naguar de Oviedo trabaja una croqueta que habla del territorio. En La Rioja, las de Marisa Sánchez en el Echaurren han recibido elogios que rozarían el exceso si no fuera porque las ha probado demasiada gente y casi nadie discute la experiencia. Y Nacho Solana, del Restaurante La Solana, ganó en el Madrid Fusión 2017 el premio a la mejor croqueta del mundo con su versión de jamón —un dato que la comunidad croquetil guarda con el respeto que merece.
No decimos que sean «las mejores» —ese debate no tiene ganador posible ni falta que hace— pero sí son croquetas que han marcado un antes y un después en cómo entendemos el bocado en este país.
La croqueta que cruzó el charco
Santiago de Chile es quizás el caso más llamativo del momento. Lo que durante años fue un plato de restaurantes españoles —acompañamiento entre bravas, tortilla y gambas— ha saltado a bares de moda y cartas de cocina chilena contemporánea. Locales como Mesura han convertido la croqueta en uno de sus platos icónicos, de los primeros en llegar a la mesa y de los últimos en olvidarse.
Que la croqueta se instale en culturas gastronómicas distintas sin perder su esencia dice mucho de lo que es: no es una receta rígida. Es un concepto. Bechamel, relleno, rebozado, fritura. A partir de ahí, cada lugar le pone lo suyo.
Lo que esto nos dice sobre la croqueta en 2025
La croqueta está en uno de sus mejores momentos históricos, y no solo por la cantidad de lugares donde se sirve. Está en un momento interesante porque conviven sin problema la croqueta de abuela, la de jamón ibérico de autor, la de cocina fusión y la que se hace en el air fryer un martes por la noche. No compiten entre sí. Se complementan.
En Canal Croqueta creemos que eso es exactamente lo que hace grande a este bocado: no le importa dónde está ni quién la hace. Solo pide que se le trate con cariño, que la bechamel no lleve grumos y que el aceite esté a su temperatura. El resto es libertad.
¿Y tú? ¿Eres del jamón de toda la vida o ya estás explorando otros sabores? ¿Has probado hacer croquetas en air fryer? Cuéntanoslo en los comentarios — este es exactamente el debate que queremos tener.
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