Concursos de la mejor croqueta: entre la liturgia, el jamón ibérico y las ganas de comer gratis

Hay un momento en cualquier concurso gastronómico que lo dice todo. El jurado se sienta, se hace el silencio, alguien coge la croqueta con dos dedos — con mucho cuidado, como si fuera una reliquia — la parte por la mitad, observa la bechamel, la huele, la prueba. Pausa. Cara de concentración. Toma nota. La croqueta, que lleva siglos siendo devorada de pie en una barra, de un bocado, con una cerveza en la otra mano, recibe por fin el tratamiento que merece: el de un asunto serio.

Y oye, bien está.


El concurso más importante: Madrid Fusión y su jamón ibérico

Si hay un certamen que ha elevado la croqueta a categoría de Estado, ese es el Campeonato de la Mejor Croqueta de Jamón Ibérico de Madrid Fusión. En su XII edición, celebrada en enero de 2026, el ganador fue Alejandro Cano, del restaurante Salino de Madrid, proclamado por un jurado estelar compuesto por Albert Adrià, Nandu Jubany y Mario Sandoval, entre otros. 7 Caníbales

Para esta edición se recibieron más de 80 recetas, de las cuales únicamente seis llegaron a la fase final. Time Out Ochenta recetas de croqueta. Ochenta cocineros convencidos de que la suya es la mejor. Hay que querer mucho a la bechamel para meterse en ese fregado.

El concurso tiene su protocolo. La cata empieza con las bechameles solas, en cuencos, a ciegas, antes de probar las croquetas elaboradas con jamón ibérico puro de bellota. Gastroactitud Es decir: primero te juzgan el alma, luego el cuerpo. Respeto.

Los ganadores de años anteriores leen como un mapa de la croqueta española de alta cocina: Juan Monteagudo de Ababol en 2023, con una bechamel elaborada con leche de vaca y oveja al 50% infusionada con huesos de jamón Gastroactitud; Cañitas Maite en 2021 con leche fresca de oveja y jamón de bellota. Cada año una nueva obsesión técnica, cada año la misma pregunta: ¿puede una croqueta ser perfecta?


Más allá de Madrid: los concursos que proliferan por toda España

Lo bueno es que la fiebre croquetil no se queda en los grandes escenarios. España entera lleva años montando sus propios campeonatos, y eso es exactamente lo que nos gusta.

En Vitoria-Gasteiz, la Semana de la Croqueta de Álava ha nacido con vocación de convertirse en cita anual, con 14 establecimientos finalistas compitiendo en categorías tan específicas como mejor rebozado, mayor cremosidad, croqueta más creativa y mejor maridaje. Mycook Recetas Mejor maridaje de croqueta. Alguien se lo está tomando muy en serio, y esa persona merece un aplauso.

En el levante, Torrevieja celebra su VI edición del concurso «Croqueteando por Torrevieja» en mayo de 2026, con bares y restaurantes presentando croquetas artesanales ante un jurado profesional, y una fase pública donde el precio es 3,50 euros con bebida incluida. Torreviejagastronomica Tres euros y medio. Con bebida. Aquí los héroes no llevan capa.

Y así por toda la geografía: concursos en Getxo, en Valladolid, en barrios, en mercados municipales, en fiestas mayores. La croqueta convoca donde quiera que haya un fogón y alguien con suficiente orgullo como para decir «la mía es mejor que la tuya».


La gran pregunta que nadie responde: ¿qué hace grande a una croqueta?

Cada jurado tiene su teoría. Para Sacha Hormaechea, además de la técnica, la croqueta debe transmitir una mirada y una voz propia. Para Albert Adrià, la mejor croqueta siempre va a ser la que más guste al público. 7 Caníbales Dos respuestas completamente opuestas. Dos razones por las que estos concursos son interminablemente interesantes.

Porque la croqueta tiene ese problema hermoso: es a la vez el plato más humilde y el más exigente. Una bechamel mal hecha no la disimula ningún jamón de Jabugo. Un rebozado roto lo arruina todo. Y sin embargo, la croqueta más memorable que has comido probablemente fue en casa de alguien, hecha a ojo, sin termómetro ni receta.

Eso es lo que los concursos no pueden certificar pero tampoco pueden ignorar: la croqueta es memoria. Como recordó uno de los jurados de Madrid Fusión, es un «plato de la memoria, como un beso de familia». 7 Caníbales Y eso no se valora con una escala del uno al diez.


¿Y tú podrías ser jurado?

Pregunta seria. Porque ser jurado de un concurso de croquetas no es solo presentarse con hambre — aunque ayuda. Hay una serie de aptitudes que, según lo que hemos aprendido mirando estos certámenes, debería reunir el jurado ideal:

1. Temperatura de boca entrenada. Una croqueta recién frita quema. El jurado profesional come cinco seguidas sin pestañear. Esto se llama vocación.

2. Capacidad de distinguir bechameles. ¿Leche entera o semidesnatada? ¿Mantequilla o aceite? ¿Cuánto tiempo de cocción? Si no lo notas, vuelve a practicar.

3. Criterio sobre el rebozado. Pan rallado fino, panko, doble empanado. No es lo mismo. El crujido tiene que aguantar el bocado sin desmoronarse. Si la croqueta explota en tu camisa, el rebozado ha fallado.

4. Opinión formada sobre la cremosidad. El gran debate: ¿cuánto líquido es demasiado? Hay quien quiere que la bechamel fluya. Hay quien prefiere consistencia. Ambas posturas son defendibles. Tener la tuya es obligatorio.

5. Estómago para la maratón. En una final de concurso se pueden catar entre seis y catorce croquetas. Seguidas. Sin pausa. Quien diga que eso es fácil miente o no ha llegado a la octava.

6. Humildad. La croqueta que más te ha gustado en tu vida probablemente no ganará ningún concurso. Y está bien así.

Nosotros, con toda honestidad, creemos reunir la mayoría de estas condiciones. Especialmente la quinta. Si alguien organiza un concurso y necesita jurado, aquí estamos. Aunque solo sea por comer gratis.


La croqueta no necesita que la defiendan. Pero tampoco está mal decirlo.

Lleva décadas ganando sin pedir permiso. Está en las barras más humildes y en los menús degustación más caros. La piden los niños, los abuelos, los turistas, los chefs con estrella. No tiene temporada, no tiene región, no tiene clase social.

Y aun así, rara vez aparece en los grandes rankings gastronómicos. Rara vez se la trata como lo que es: uno de los bocados más técnicamente exigentes y emocionalmente poderosos de la cocina española.

Por eso los concursos importan. No porque el ganador tenga la croqueta definitiva — eso no existe — sino porque obligan a parar, a pensar, a tomársela en serio.

La croqueta se lo merece. Y nosotros también nos merecemos estar en ese jurado.

¿Tú te apuntarías? Cuéntanoslo en los comentarios o en Instagram. Y si conoces algún concurso cerca de ti, mándanoslo: lo queremos cubrir.

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