Hay batallas que no esperabas librar en la vida. Y aquí estamos, en 2025, discutiendo si metemos las croquetas en el air fryer o las tiramos a la sartén como siempre. Según el estudio de consumo elaborado por Croquetas Ricas este año, tres de cada diez consumidores en España ya cocinan sus croquetas sin freír —en horno o en air fryer—. No es un rumor, no es una modas de Instagram: es un dato. Y en Canal Croqueta no podemos ignorarlo.
La pregunta es sencilla pero cargada de consecuencia: ¿estamos ante una adaptación legítima de un clásico o ante el primer síntoma del apocalipsis croquetero?
El argumento del cambio: comodidad, salud y menos olor a fritanga
Seamos honestos. El freír en casa tiene sus cosas. El aceite a temperatura, vigilar que no se rompan, el olor que persiste tres días, la mancha de grasa que aparece en el armario de al lado sin explicación física aparente. El air fryer elimina buena parte de ese drama.
Quienes se han pasado a esta corriente argumentan que el resultado es más limpio, más ligero y perfectamente digno. Y tienen razón en algo fundamental: si la croqueta está bien elaborada —bechamel cremosa, rebozo firme, producto de calidad— el sistema de cocción final importa menos de lo que el purista quiere admitir. La estructura interna no la hace la sartén. La hace quien mezcla, quien forma y quien reboza.
Además, y esto es clave, el auge del air fryer ha democratizado el consumo de croquetas en casa. Gente que antes no se atrevía a freírlas ahora las hace. Eso no es una amenaza para la croqueta: es más croquetas en el mundo. Y eso, en principio, es bueno.
El argumento de la tradición: la costra lo es todo
La croqueta frita tiene algo que el air fryer todavía no ha replicado del todo: esa costra uniforme, dorada hasta el punto exacto, ligeramente burbujosa, que cruje con una violencia controlada al primer mordisco. Esa textura es consecuencia directa del contacto con aceite caliente y abundante. No hay atajo.
Los grandes referentes de la croqueta española —desde la bechamel antológica de Casa Marcial en Asturias hasta las de Taberna Pedraza en Madrid— se fríen. Los finalistas de concursos como el Mejor Croqueta de España se fríen. No porque sean conservadores, sino porque el resultado es distinto. No mejor ni peor en términos morales, pero sí distinto en términos de textura.
El rebozado —sea pan rallado clásico o panko, esa versión japonesa más crujiente y gruesa que tanto gusta a los cocineros jóvenes— necesita el aceite para sellarse de forma homogénea. El air fryer convierte, en el mejor de los casos, pero rara vez sorprende.
Lo que nadie quiere admitir
Que muchas croquetas fritas en casa también salen mal. Aceite frío, temperatura equivocada, rebozado que se cae, interior frío y exterior quemado. El air fryer, en manos de alguien sin experiencia con la sartén, puede dar un resultado más consistente que una fritura doméstica chapucera.
Dicho esto: en bares, tabernas y restaurantes donde la croqueta es protagonista, el aceite caliente sigue siendo el estándar. Y probablemente lo seguirá siendo. No porque haya una norma escrita, sino porque el resultado habla por sí solo.
La tendencia del air fryer no amenaza a la croqueta de bar. Convive con ella. Son dos ecosistemas distintos: el del cocinero de casa que quiere sus croquetas del domingo sin montar una operación de fritanga, y el del bar de toda la vida donde la sartén nunca se enfría.
¿Y el ranking de sabores? El jamón manda, como siempre
Mientras debatimos el método, el producto más consumido en España en 2025 sigue siendo la croqueta de jamón ibérico, con un 72% de preferencia según el mismo estudio. Un dato que no sorprende a nadie que haya pisado un bar en los últimos cuarenta años.
La croqueta de jamón no necesita reinventarse. Lo que sí puede reinventarse —o no— es cómo la cocinamos en casa. Y ahí, al menos por ahora, el debate sigue abierto.
Un clásico que sobrevive a todo, incluso a sus fans
La croqueta lleva décadas demostrando que puede con casi todo: con la nouvelle cuisine, con el boom del pintxo, con la irrupción del panko, con los concursos nacionales, con las versiones gourmet de tres estrellas y con las de bolsa del súper. El air fryer es solo el último capítulo de una historia de adaptaciones.
Lo que no cambia —y esto sí lo tenemos claro en Canal Croqueta— es que una croqueta bien hecha, con buena bechamel, buen producto y buen rebozado, merece respeto. Independientemente de dónde acabe cocinándose.
El resto es territorio de debate. Y eso, aquí, lo celebramos.
¿Tú te has pasado al air fryer o sigues fiel a la sartén? Cuéntanoslo en los comentarios. Prometemos no juzgarte. Mucho.
📌 Si te interesa el debate del rebozado, no te pierdas nuestro artículo sobre panko vs. pan rallado clásico: ¿moda o mejora real?